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#EF02 | Entrevista a la arquitecta y activista Esther Roldán

El periodista Jaime Poncela entrevista a Esther Roldán, arquitecta y activista gijonesa. Charla en el entorno de un andén, a la espera del próximo tren.

Jaime Poncela: Hola Ester.

Ester Roldán: ¡Hombre Jaime! ¿Qué tal?

JP: Bien y tú, ¿Qué tal? ¿Me puedo sentar aquí?

ER: Si, claro.

JP: Esto de los besos… no sé, ¿te parece una costumbre social adecuada?

ER: Me parece una costumbre social adecuada en países como Italia, donde también, dos hombres cuando se encuentran, se los dan.

Yo con mis amigos más íntimos, también lo hago.

Muy bien. Entonces me parece una costumbre adecuadísima.

Yo no tengo ningún inconveniente. No sé, igual hay gente que lo considera machista o acosador.

Insisto, sería machista si solo fuese de hombres a mujeres. Si fuera también entre hombres o entre mujeres, no.

Y, ¿Qué haces aquí en esta estación abandonada de la “casi” Asturias profunda?

Esperar algún encuentro… esperar, no sé, algo inesperado.

Tú, eres arquitecta, ¿no? No “arquitecto”

No, eso dice mi título al menos, firmado además por “Juancar”. Arquitecta.

Y a ti, arquitectónicamente, las estaciones ¿Qué te parecen?

Pues muy sugerentes, la verdad. Lo que pasa es que, creo que, igual no solo estoy hablando de arquitectura pero, ten en cuenta que, las estaciones en el siglo XIX o ya entrado el s. XX, eran como catedrales en las ciudades. Eran centros de peregrinación como eran las catedrales en la Edad Media. A parte de lo sugerente que es estar en un sitio donde esperas a alguien que viene de viaje o emprendiendo tu un viaje, con lo cual maravillosas. Por no hablar de la arquitectura del hierro, etc.

En tu carrera, ¿has diseñado alguna vez alguna estación de trenes o de autobuses o algo del estilo?

Si. He diseñado pero nunca construido. Como la mayor parte de las cosas que diseño, que casi nunca se construyen. (Risas).

Una arquitecta o un arquitecto, en el genérico, ¿se diseña siempre por encargo o tú un día te levantas con una idea en la cabeza y vas y te pones a dibujarlo?

Mira, yo es algo de lo que siempre hablo con mis amigos y amigas artistas. Lo comparo además mucho con el trabajo de un director de cine. En épocas en las que hay pocos encargos, yo, como arquitecta, puedo soñar o puedo proyectar arquitectura, pero yo no puedo hacer arquitectura sin un lugar, sin un encargo y sin un presupuesto. Por eso, en épocas de pocos encargos como ahora, con la crisis brutal que estamos sufriendo, es muy frustrante porque no tenemos la autonomía que tiene, por ejemplo, un músico o una diseñadora de joyas.

Pero, ¿tú también eres música?

(Risas) Todos y todas lo somos desde el momento en el que cantamos, tocamos la guitarra o damos palmas.

Entonces, ¿Sabes leer un pentagrama?

Sí, yo estudie muchos años música, sí.

¿Hay alguna relación mental, como se dice, entre las matemáticas y la música? ¿Hay algo que vincule a la arquitectura y a la música?

Una vinculación muy directa se da en la acústica. Al final hay muchos edificios y muchas tipologías edificatorias que se han hecho pensando específicamente en la acústica. Yo siempre reivindico que, la arquitectura, no es solo lo material, lo construido sino, también luz y sonido. Por ejemplo, en una arquitectura como la de la Alhambra, es casi tan importante lo inmaterial y lo intangible como lo construido. El agua y su sonido, es algo magnífico. La Alhambra no sería lo que es si se secase, si no hubiese todas esas canalizaciones corriendo.

O sea, que cuando entras en el teatro romano de Mérida, y te pones en la última grada y sigues escuchando lo que se está diciendo abajo sin micrófonos, quiere decir que los arquitectos romanos sabían mucho de eso, ¿no?

Sí. Ten en cuenta que la acústica tiene también un fuerte componente empírico. Por ejemplo, aquí en Gijón, cuando se rehabilitó la Universidad Laboral, hubo muchísima polémica con qué se iba a hacer con el teatro de la Laboral. Es un espacio que tenía una acústica tan alucinante que, cuando estaba prácticamente en ruinas, una gran pianista española como Alicia de Larrocha, decidió venir, exclusivamente por el placer de tocar la suit de Iberia en el teatro de la Laboral. Cuando se iba a rehabilitar, se iba a ampliar la caja escénica, etc., para que pudiesen representar óperas y otros tipos de representaciones que necesitaban una más grande. Fue controvertido porque decían que, hasta que punto podía mantenerse esa acústica con esos cambios. Puede influir hasta el tapizado de las butacas.

Por lo que veo, la arquitectura es algo totalmente multidisciplinar. Hay que saber muchas cosas o tener en cuenta muchos factores.

No sabemos de casi nada (risas). Yo recuerdo que, cuando empecé a estudiar la carrera un profesor mío dijo una frase, que me gusta mucho y la tengo siempre en cuenta es que, “el arquitecto o arquitecta son personas que deben saber de todo, pero que debe ser consciente que es el que menos sabe de cada una de las cosas. En el proceso de construcción.

Ah, ¿Cómo los periodistas?

¿Sí? ¿En serio? O sea que la analogía no es música- arquitectura, sino periodismo y arquitectura. (Risas). Siempre se piensa que nuestra especificidad es más la parte técnica y, al final, no es así. Cada vez que te enfrentas a un proyecto nuevo, lo clave es el funcionalismo. El uso. Tú no puedes proyectar un colegio de infantil, sin entrevistarte con los profesores, sin preguntar cómo se orienta un niño en el espacio y como se apropia de él y que uso se le da. Cada nuevo proyecto tiene un nuevo programa y necesita un trabajo de identificación de necesidades, de casuísticas para dar respuestas. Eso te da un bagaje bastante complejo. Ten en cuenta que la arquitectura siempre ha sido soporte para otras artes: para la pintura, para la cultura, contenedor de actividades culturales, artísticas, etc. Esa interacción con otras artes es inevitable y, a parte, deseable.

El día que te matriculaste en arquitectura, ¿pensaste que esto iba a ser así?

No tenía la más remota idea. Yo venía del mundo de la música clásica. No tenía ningún tipo de familiar arquitecto ni de referencia.

¿Tú que te imaginabas que ibas a construir en tu vida profesional?

Casualmente yo soy urbanista. Salvo una temporadita trabajando de arquitecta municipal en un pequeño ayuntamiento, nunca he hecho… bueno, recientemente he hecho un pequeño anteproyecto de plan urbanístico pero, nunca he trabajado en urbanismo. Precisamente porque me imaginaba que el urbanismo tenía una carga muy social y que a mí, ideológicamente, me atraía mucho. Eso no fue lo que a mí se me enseñó en la escuela de arquitectura. Era un urbanismo que se estudiaba desde un punto de vista más territorial que social. Se trabajaba mucho sobre plano. El parámetro social no se tenía muy en cuenta a la hora de proyecta la ciudad. Por suerte, ha cambiado mucho en los últimos años.

Pero, yo creo que para peor, ¿no?

No.

El urbanismo que se ha estado haciendo en España, ¿no ha ido a peor?

No es el urbanismo que se está haciendo. Ha cambiado mucho la conciencia ciudadana.

Sí, pero al final los ciudadanos no somos quiénes diseñamos las ciudades.

No, pero podemos presionar mucho para que se diseñen como nosotros queremos.

¿Tú crees?

¿Cómo se hace eso?

Yo creo no. Yo hago (Risas)

¿Cómo se presiona a un ayuntamiento para que un Plan General de Ordenación de prioridad a las zonas más habitables, al tejido social?

La ciudadanía presiona como puede en cualquier otro campo de la vida pública. No podemos olvidar que los políticos son representantes. ¿El primer acto? Votando. En un sentido o en otro. Que votes en uno u otro sentido implica que estás eligiendo unos gestores.

De una manera más directa, se puede a través del asociacionismo, del activismo social, a través de las manifestaciones, de iniciativas de autogestión con cada vez más modelos o ejemplos que han ido surgiendo en los últimos años como puede ser lo que pasa con la ocupación de edificios como Tabacalera o La Plaza de la Cebada, en Madrid. Yo creo que si está habiendo un cambio de la ciudadanía en el sentido que está reclamando y participando más en la toma de decisiones a nivel urbanístico.

A mí me da la sensación de que, cuando las asociaciones de vecinos o los colectivos ciudadanos intervienen en el ámbito del urbanismo es porque algo le molesta, por el “¿Qué hay de lo mío?”, ¿Por qué no me ponen aquí esto? O ¿Por qué me pusieron aquí esto? ¿No es siempre una visión muy interesada del urbanismo?

Bueno, pero como casi con todo, ¿no? Tú te manifiestas a favor de la enseñanza pública cuando ves que hay recortes educativos. Siempre que protestamos, siempre que reivindicamos es porque hay una carencia o una necesidad. Si quieres un ¿Qué hay de lo mío? Pues puede ser. Yo creo que no. No sé, quizás peque de optimista, cosa que no me corresponde porque soy una pesimista impenitente pero yo sí que creo que estamos viviendo un momento de gran conciencia ciudadana. Creo que sí.

¿Te tienes que auto convencer?

Yo comparo con cuando era joven. En los 90, cuando estaba en la universidad que, se supone, es un campo de pensamiento y de crítica. Se supone que es una época de tu vida en donde todo es más utópico, donde crees que todo se puede cambiar y cuando eres más reivindicativo. Yo no percibí eso donde estudié. Si hablé con gente que estudió en el Campus de El Milán y que si lo vivían. Que si gestaron muchas cosas. Mi paso por la universidad en el marco político, ideológico o como activista, fue… vamos, absolutamente inexistente. Sin ningún tipo de huella. Ha sido posteriormente cuando si he visto un cambio, cuando si he visto a la sociedad desentumecerse y a querer tener más protagonismo en la toma de decisiones, sobre todo en temas que son tan importantes como es tu ciudad, el espacio en el que vives.

La sociedad, en ese sentido ¿ha adelantado a los políticos?

Espero que no. Cuando dicen que tenemos los políticos que nos merecemos, yo quiero pensar que no. Creo que la sociedad es mucho más ética y mucho más honrada y generosa que nuestros políticos. Creo que no han sabido responder a las necesidades reales del momento. En cambio, creo que si hay un montón de iniciativas autogestionadas que si lo están haciendo. Sin duda.

Ser mujer y arquitecta, también da mucho para reivindicar, me imagino, ¿no?

(Risas) Sí, da mucha guerra. Es una profesión tradicionalmente masculina y machista. Como muchas otras. Hablo con amigas y compañeras y todas me dice que, al final, seguimos viviendo en una sociedad patriarcal y eso es indudable. Quién lo niega, está negando una realidad. Hay campos donde es más sangrante que en otros y, evidentemente, la arquitectura, lo es. Es lo que podría pasar en otros mundos como el de la minería o la pesca. Es verdad que es un trabajo físicamente duro, no el de arquitecta, sino el de la construcción, que se ha reservado siempre para los hombres. En el caso concreto de las arquitectas, como es el mundo en el que te mueves, es especialmente difícil.

A mí, el otro día, todavía me convocaron para una reunión de toda la dirección facultativa y, entonces decían ¿para qué vais a venir los tres? Yo tengo un socio, que es arquitecto y estamos colaborando con un aparejador. Pues decían que, con que venga el arquitecto y el aparejador, ya está. Pues no, no está.

Creo que soy una privilegiada, no solo por trabajar en el mundo de la arquitectura, que es un mundo que ha sufrido de manera muy dramática la crisis, sino hacerlo, siendo mujer. Es un privilegio que tengo y debo usar para ayudar a quien no lo tiene. Me suelen decir que soy muy beligerante, pero creo que es mi deber, no para el resto de mis compañeras que no pueden hacerlo, sino un acto de reconocimiento para todas las mujeres que han estado peleando durante las últimas décadas y siglos, han luchado para que yo pueda votar, para que pueda ir a la universidad. Es mi obligación moral seguir peleando para que, la siguiente generación, lo tengo un poquito más fácil.

Te estás poniendo muy seria.

(Risas). Que va. Seria me pongo en las obras.

En las obras, ¿te hacen poco caso por ser mujer?

¿Sabes qué pasa? No es que me hagan menos caso es que tengo que estar constantemente reivindicándome. Yo soy Directora de Obra. Ya es muy difícil trabajar para mí de ese cargo, como para tener que estar reivindicándote continuamente. Es una doble batalla. Una para hacer el trabajo bien y otra, para demostrar que puedes hacer el trabajo bien siendo mujer. Mi aspiración no es cambiar el mundo. Mi aspiración es que, cualquier persona que trabaje conmigo en una obra, la siguiente vez que se tope con una mujer, ya haya trabajado conmigo y sepa que soy la primera que me subo al andamio, que me mancho y mojo cuando llueve. No es ponerse serio, es estar siempre reivindicando. No queda otra.

Cuando yo iba a la universidad, igual te parece una frivolidad, pensábamos que, quiénes más ligaban, eran los médicos, los arquitectos y, algo, los ingenieros. Esa mitología técnico-sexual, ¿sigue existiendo por ahí?

Igual tenemos que preguntarle a mi socio. Yo no sé.

Las arquitectas también ligarán por el hecho de serlo, ¿o no?

¡No es lo mismo! Estás hablando de unos roles de género…

Pero es una profesión de alto standing…

Ya, pero si caemos en el estereotipo de ¿quién busca más el alto standing en una sociedad ¿patriarcal?

Vamos, que a las mujeres no os gusta el alto standing.

¿A mí me preguntas como arquitecta o como mujer? (Risas) Mira. Me contaba ayer mi socio que, es verdad que, hace años, cuando estaba en un bar, se le acercaba alguien y cuando decía “soy arquitecto” era como… hum… que interesante. El otro día, se lo preguntó una chica y ella le respondió: “anda… que bien” (con palmadita en la espalda incluida). Creo que soy una persona que soy muy poco elitista y, entonces, a mi ese tipo de preguntas… Me parece que la abolición de los “estatus” es muy positiva. Eso sí, a día de hoy, muchas de mis compañeras y compañeras no tiene trabajo. Eso no es para nada positivo.

Sí, a eso iba. Ser arquitecto, ya no es lo que era.

Me hace mucha gracia. En el día a día, todo el mundo es muy consciente de la crisis en la que vivimos. Que si el primo, el amigo, el vecino… que es arquitecto que ha cerrado el estudio o a tenido que emigrar. A mí me fascina que, si tú ves la publicidad o la música, se usan terminologías arquitectónicas o imágenes del estilo. El típico señor con planos y casco que sale de un cochazo. Yo no sé de donde sale eso. Parece que todavía el término “arquitecto” es un “marchamo”, un símbolo de calidad. Luego somos unos muertos de hambre.

Pero tenéis una gran responsabilidad. Un edificio mal planificado…

Bueno, y un conductor de autobús lleva a 50 personas a las que puede matar con un despiste. ¿Quién no tiene responsabilidad? Y un profesor de primaria que está dando clase a 30 críos, ¿no tiene responsabilidad? Yo tengo penal, aunque no sé quién no la tiene. Si tú me haces una entrevista, me machacas y yo caigo en depresión y te demando, ¿Qué pasa?

¿No estaremos yendo por ese camino? ¡Que la damos por terminada ahora mismo!

Han pasado dos trenes ya, al tercero me monto. (Risas).

No, no. ¡Al tercero me tiro yo si me vas a demandar! Urbanísticamente hablando, ¿Gijón tiene alguna solución a estas alturas de la historia o está perdida ya?

Lo de dinamitar no, ¿no?

No sé. Tú dirás.

A ver, yo creo que Gijón no es un problema. Podíamos empezar a detectar problemas…

¿El Muro no es un problema?

Sí. El Muro es un gran problema con muy difícil solución. Si me preguntas mi opinión, ya no solo como arquitecta sino, casi más como ciudadana, ¿Qué haría yo? Soterrar el tráfico. Sin duda. El gran error de la playa de Gijón, en lo que yo soy muy crítica, es el lavado de cara que se hizo. Es dinero absolutamente malgastado. No sé si alguien pasa por delante y dice “Que bien está quedando esto”. El problema del muro es un problema de sombra. Es un modelo de frente marítimo que está pensado para playas como Benidorm, que está orientado al Sur entonces, los edificios provocan sombra al norte. Claro, si eso lo giramos 180º en una playa que está orientada al norte, pues, evidentemente dan sombra, por no decir en invierno, que es cuando más apetece el sol. A esto se le suma el problema que, además este año estamos viviendo de manera salvaje y es que, cuando sube la marea, no hay nada de arena. No tenemos playa, realmente. Yo creo que una posible solución que, claro, exige una gran inversión y no sé si las arcas municipales estarán para ello, sería soterrar el tráfico. Generar una gran explanada en la que hubiese también pequeñas infraestructuras. ¿Por qué no puede haber un pequeño centro para una biblioteca infantil? Sería algo muy interesante para la ciudad. No es algo tan difícil. Ten en cuenta que la playa, el Muro, ya es un frente de contención frente al mar. No es una infraestructura tan utópica, pero sí que necesita de una gran inversión.

Y sobre nuestro inacabado plan de vías, a estas alturas ya, ¿tiene algún sentido? Hace años se hablaba sobre la centralidad de Gijón, ahora la ciudad ha cambiado y se habla de otro modelo. ¿Es que momento hay que decir “ya basta” y empezar a hacer esto?

Cuando se hace el plan de vías, es indisoluble la operación del metro-tren. Puede tener sentido retrasar una estación ferroviaria, un centro intermodal de tren y autobús, cuando luego tienes una red de transporte público que te conecta con el resto de la ciudad. ¿El tema de la centralidad? Es dudoso. Si le preguntas a un habitante del Natahoyo o de Nuevo Roces, te dirá ¿Por qué la centralidad es la plaza de “el Humedal”? Es un tema muy complicado porque éste sí que necesita de una gran inversión. Vivimos ahora en una situación muy paradójica. Estamos en un momento en el que queremos desarrollar esos proyectos pero, la fuente de financiación, implicaría la venta del hoy denominado como “Solarón” que, por otra parte, la ciudadanía está reivindicando como espacio público, como espacio verde y libre, mientras que, a la vez, se quiere esa estación intermodal, la finalización de las obras del metro-tren, etc. Eso pasa por construir y porque el Ayuntamiento pueda vender esos terrenos y con esa plusvalía pueda afrontar la otra inversión. Las dos cosas son imposibles.

O sea que, no hay urbanismo ni arquitectura sin plusvalía. La pureza de tu profesión no existe.

¿Existe la pureza en algo? (Risas). Como casi todo, Jaime. Vivimos en un mundo en el que, sin financiación, no se puede hacer casi nada. Lo que sí se puede es gestionar bien, que es lo que no se ha hecho en los últimos años en este país. Se han gestionado muy mal los recursos. Con una buena gestión, los recursos son limitados, pero sí podrían hacerse cosas.

¿Crees que con una gestión como la que tú y más gente planteáis, pueden llegar con el cambio del panorama político que estamos viendo?

¿Estás viendo mucho cambio en el panorama político?

No. Estoy viendo un cambio en la aritmética política. Donde antes había 2 partidos, ahora hay 4 que, creo, están volviendo a cometer los mismos errores de siempre, pero bueno, hay alguna esperanza en que la fuerzas emergentes, la izquierda…

¿Sabes qué pasa? Cuando hablamos de temas financieros, los partidos políticos tampoco tienen libertad absoluta.

Entonces, ¿Quién manda aquí?

Botín no, porque está muerto.

Pero sigue mandando. Vive en el Ibex35, el cielo de los banqueros.

Manda la banca.

Entonces estamos perdidos. ¿Qué hacemos? No votamos más, total ¿Para qué?

Bueno, una cosa es que no tengas libertad absoluta y otra que no haya diferencia. Claro que hay diferencia.

Pero, si los que elegimos no pueden decidir nada porque resulta que gobierna Botín…

Vivimos en un sistema que funciona con una inercia tan fuerte que no es una cuestión de ganar en las urnas y tener mayoría en el Congreso. El sistema está montado de tal manera que las instituciones están blindadas y hay un montón de organismos que son muy estáticos e inamovibles. Yo creo mucho en la ciudadanía. Tenemos que estar permanentemente presionando para que no solo nos den un poder de decisión directo, sino para que las cosas se hagan siempre teniendo como objetivo final el bien colectivo, el de la ciudadanía, no los intereses de cuatro particulares.

Bendita sea tu pureza.

¿La compras?

Yo comprar la compro, pero yo no soy un mercader… Oye, y tú, ¿Qué quieres ser de mayor?

Periodista. Para ser como tú. (Risas)

¿Te parece una buena profesión?

Yo de mayor, quiero ser mayor.

Entonces, ahora me estás diciendo que eres joven. No mediana edad como decías antes.

Es que no se puede pasar de ser joven a ser vieja sin pasar por la mediana edad.

¿Te crees eso de que, hay un momento, en el que pasa el último tren o siempre hay “el siguiente”?

A veces no hay ninguno. Creo que hay gente a la que entierran con 80 y lleva muerta desde los 30 y hay gente que, aunque se muera, sigue estando ahí. No creo en los últimos trenes. No creo mucho en la suerte, ni en las oportunidades. Creo en estar muy despierto siempre y estar viviendo el presente y ayudar a que los demás lo hagan de la mejor manera posible. Creo en ayudar a alguien a que se monte a su tren si está pasando y no lo ve porque es ciego o es sordo.

Qué bien hablas. ¿Por qué no te dedicas a la política? Lo harías muy bien

Cuando sea mayor.

¿De mayor quieres ser política?

No. Yo no valdría para la política. Hay que ser una persona mucho más estratega y tener una inteligencia diferente y especial. Yo no la tengo.

Tú tienes mucha inteligencia…

¡No quiero hablar de esto! Tengo amigos y amigas que se dedican a la política a los que admiro y apoyo mucho. Creo que tienen gran fortaleza y tiene muy claro cuál es el fin y que medios sí y cuáles no. Amigos y amigas se han metido de manera reciente en política con la ilusión de crear un partido nuevo y me da mucho miedo que el fin, a veces le haga aceptar ciertos caminos intermedios.

¿Y de que te hubiera gustado hablar de lo que no hemos hablado?

¿De arquitectura? (Risas). No lo sé

¿Te gustó la entrevista?

Sí. Mucho.


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